20 de septiembre de 2010

Sobre cómo aprovechar los apagones para secarse las lágrimas

MALAS PALABRAS es una pieza para niños mayores de 7 años; eso indica que uno de 42 está plenamente habilitado para verla. Cuenta la historia de una mujer, Flor, que en cierto momento de su infancia recibe la noticia de que es adoptada, noticia que le refieren sus padres, hoy un pañuelo bordado, su madre, y un par de anteojos de marco grueso, su padre, a instancias de su tía, un abanico, después de una cena que fue un puré de nervios y tras la infructuosa búsqueda de fotos de cuando Flor era bebé. Tras permanecer encerrada en su habitación durante varios días su amigo el Pelos, en la actualidad un broche fucsia peludo para recogerse el pelo las nenas, le pregunta a Flor si su madre le da besos antes de irse a dormir y si su padre la ayuda con las multiplicaciones dificultosas, a lo que Flor no le queda otra salida más que asentir y dejar de ser pertinaz respecto de su postura de niña herida refugiada en la azotea de sus pensamientos, cuestión que el Pelos remata diciéndole que qué suerte que le tocaron esos padres y no los de Benítez, el vecino de enfrente que siempre está en penitencia porque se porta mal y sus padres le pegan. Luego Flor comprende que no es tan malo ser adoptado y se recibe de escritora porque su papá le dejó como herencia el amor por las palabras y su mamá un puñado de canciones.
El gran problema con los espectáculos infantiles bien hechos es que uno se olvida de su edad y se pone a disfrutar del espectáculo sin culpas, hasta que descubre que hace mucho se olvidó de ser hijo porque se transformó en un hombre con problemas, y aunque haya formado familia tiene que seleccionar muy bien a quién hacerle comentarios sobre la obra porque ciertas cosas no queda bien decirlas en voz alta para no ser malinterpretado. Y si no formó familia quizás le quede algún amigo invisible a quien evocar para hablarle de Flor y el Pelos antes de dormir, por ejemplo, aunque no sea lo más recomendable hablarle a un amigo invisible porque generalmente no responden. Y además el gran problema con los espectáculos infantiles bien hechos es que, lamentablemente, uno sale de verlos con ganas de ser más bueno, y la experiencia indica que nadie puede ser más bueno porque vio una obra de teatro. Es una pena, pero es así. Entonces maldice hasta quedarse tranquilo con esas palabras que lleva guardadas adentro y no recuerda cuál es su significado, porque según Flor las únicas palabras malas son las que no se dicen, y ella que es escritora debe saber muy bien por qué.
Este es uno de esos espectáculos bien hechos. Mínimo, porque no hace falta demasiado alambique para hablarle a los niños de tú a tú; bastan una alfombra, una mesa, algunos objetos, unos cajoncitos, unos anaqueles como pequeñas ventanas y una actriz que más que jugar o prestarse al juego que propone el texto se deja ser niña con la voz, el cuerpo y el espíritu. Haydeé Boetto es esa actriz, mexicana, aunque su Flor podría lucir en la maceta de cualquier balcón, aquí a la vuelta. Perla Szuchmacher, la autora y directora de MALAS PALABRAS, falleció este año en México, su patria por adopción. Qué bueno que nos quede esta obra en la memoria a los que no la conocimos antes; la vida suele ser breve, pero la memoria traspasa el tiempo.
Y si uno se emocionó mucho después de verla y siente vergüenza por haber llorado, una sugerencia: nadie lo mira mientras la obra está en el escenario y durante el apagón final tampoco, así que uno puede dejarse llevar por la emoción genuina y aprovechar ese apagón para secarse las lágrimas. No se vuelve a ser chico todos los días, no señor.

MALAS PALABRAS
, de y dirigida por Perla Szuchmacher. Música original: Mariano Cossa. Letra de canciones: Antonio Machado. Escenografía: Macedonio Cervantes. Intérprete: Haydeé Boetto. Última función domingo 26 de septiembre a las 17. ElKafka, Lambaré 866. 4862-5439

17 de septiembre de 2010

Sobre la melodía del amor

(…) Mi destino lo ordenaba: yo estaba allí para que todos se dieran cuenta de la mugre que eran y de la mugre en que vivían. Un día todos dejarían de burlarse de mí y un día todos se mirarían al espejo y un día yo les haría dar cuenta de que sus tristes vidas estaban condenadas a morir en un pozo en el medio del campo, y un día yo les demostraría que no eran nada, que no servían para nada, y un día yo los pisaría a todos, pondría rótulos en las espaldas de todos y reiría como una bruja triunfante sobre toda aquella escoria. Eso solo sirvió para que yo me diera cuenta de que un día yo les ganaría a todos; un día yo sería Miss Tacuarembó.

Sesenta, Miss Tacuarembó, Dani Umpi. Editorial Interzona, Buenos Aires, 2007

En 2004 Dani Umpi publica Miss Tacuarembó, una novela que, más allá de la película cuyo comentario nos ocupa, está llamada a ser referencia literaria de una época (esta, o la de hace apenas un ratito). En Miss Tacuarembó Umpi crea un personaje que se moldea en base a clichés de la cultura de masas y que es tan antipático como patético, quizás como algunas aristas puntiagudas de la tan vapuleada cultura. Pero la novela no se queda ahí; en la cita que ilustra esta nota podemos distinguir un yo y un ellos tan reconocibles que asustan, por lo marcados, por lo deformes. Miss Tacuarembó le habla a la clase media latinoamericana desde su propia hipocresía y por eso la segura referencia que pasado el tiempo habrá que hacer de este texto indispensable, amén de su prosa impecable e iconoclasta.
La traslación al cine de un texto que brilla por su inteligencia no necesariamente podía ser segura, ni tampoco necesaria. Pero Martín Sastre (un videoartista cuya ironía se viste de aparente superficialidad y sinsentido) vio en Miss Tacuarembó el germen de su opera prima y el vehículo ideal para profundizar algunos conceptos de su obra. De acuerdo a su página web, Martín Sastre sostiene una fundación que facilitó becas de investigación para tres artistas alemanes en Montevideo, investigaciones que estos artistas debieron realizar con apenas cien dólares al mes. La fundación de Martín Sastre se llama The Martín Sastre Foundation for the super poor art. ¿Es esto una excentricidad? Todo depende de cómo se lo mire. Como ocurre con su película, que a simple vista pareciera ser una traición al texto original.
Miss Tacuarembó tiene una narradora llamada Natalia, de quien nos referimos brevemente más arriba. Una muchacha como ella no solamente debía tener el cuerpo sino también el fulgor de Natalia Oreiro. Actriz, cantante y empresaria, Natalia Oreiro no se queda en su cómodo lugar de celebridad: desde hace ya muchos años brilla con luz propia y los riesgos artísticos que toma la cimientan cada vez más como una personalidad a imitar. Natalia Oreiro no es una gran actriz, es cierto. Es una gran estrella, a lo mejor la más grande que diera el Cono Sur en los últimos veinte años. Pocas, muy pocas figuras, pueden soportar el rigor de un primer plano cerrado con tan poco maquillaje, y además, a través de brillo de sus ojos, hacernos creer que tiene 18 años y redimensionar con su convicción una película que siempre está a la orilla del pantano. A las grandes actrices a veces se les nota el esfuerzo.
Tenemos que dejar algo aclarado, porque todavía no lo hemos dicho: Dani Umpi, Martín Sastre y Natalia Oreiro son uruguayos. Y pese a que la película es una coproducción con la Argentina y España, es tan uruguaya como las cuchillas. El gentilicio es un orgullo aunque parezca chauvinista, y por lo visto aquí MISS TACUAREMBÓ se ocupa de declarar el orgullo que siente por cada una de sus imágenes. Esto, además de ser lícito y necesario, es un acto de amor. Es un acto de amor hacer que un texto complejo por su resonancia se transforme en un musical apto para todo público con canciones pegadizas y coreografías que nos piden acompañar el ritmo, porque aquí no hay conexión directa con presente alguno ni tampoco juicio a ninguno de los pasados; MISS TACUAREMBÓ pareciera decirnos que el libre albedrío se reformula en todas las épocas, por lo que abrevar en las telenovelas de los años ’80 (lejos de asimilarse a la mera estética posmoderna) establece un certero verosímil del comportamiento social en relación al consumo de las últimas tres décadas, décadas de vuelta y recambio democrático en la mayor parte de Latinoamérica. Por otra parte la heroína habrá de descubrir por sí misma que su origen es fruto de un tiempo al que los demás le dan la espalda, mientras desde la imagen se le quita brillo al ayer y se lo muestra como en una foto vieja, para que el espejo no deforme nuestra mirada ni nos provoque añoranzas insustanciales. Y también es un acto de amor permitirse la libertad de expresar cuán humana es la religión, porque no existe otra forma real de acercarse a Dios ni tampoco de tener fe, incluso en los pueblos chicos de los que la gente quisiera escapar y no puede. Estos tópicos están presentes en la banda sonora (la guitarra acústica y la voz de Natalia Oreiro cantando What a feeling, la canción de la película Flashdance, es tan cercana como el cartel de bienvenida a Tacuarembó, cuna de la patria gaucha uruguaya), en la fotografía (la textura de la imagen en las distintas instancias del relato es tan sutil como intencionada, yendo del papel Kodak a la diáspora digital), en la dirección de arte (¿si no por qué las Barbies de María José y María Noel estarían envueltas en celofán?), y en las conexiones que el guión establece y que se disfrutan si se presta atención (Natalia se la pasa rompiendo la imagen de San Expedito, que no es Enrique, el San Expedito de Cristo Park que la enamora, ni tampoco Enrique es Enrique sino que es Luis Alfredo, y Luis Alfredo es el nombre del personaje de Carlos Mata en Cristal, y Natalia se hace llamar Cristal para escaparle a su identidad mestizada…). Por eso MISS TACUAREMBÓ es una película importante, conciente de su alcance y por eso mismo vulnerable. No es una de Disney como dijeron en la publicidad y a lo mejor por eso no tuvo el suceso que se esperaba: en una de Disney dos chiquilines de ocho años no cantan el tiempo se pasa y todo se olvida / nadie nos entiende, seguro que no / tenemos que irnos de Tacuarembó; esos chiquilines ya saben, lamentablemente, que el último en irse apaga la luz. Es una película más amarga que ácida, idealista sin pregonarlo, y que se permite dejar atrás las colinas de Hollywood y seguir viaje con una sonrisa en los labios y la esperanza de ser un poco mejores ahí donde estemos y allá donde vayamos.

MISS TACUAREMBÓ (Uruguay, Argentina, España, 2010). Dirigida por Martín Sastre. Guión de Martín Sastre sobre la novela homónima de Dani Umpi. Producción: Oscar Azar, Jesús Corredera, Carlos Mentasti, Diego Robino, María Zanocchi. Fotografía: Pedro Luque. Dirección de Arte: Gonzalo Delgado. Música Original: Ignacio Pérez Martín. Canciones: Ale Sergi. Reparto: Natalia Oreiro, Diego Reinhold, Sofía Silvera, Mateo Capo, Rossy de Palma, Mirella Pascual, Alejandro Tous, Boris Bakst, Ema Pratto, María Pía Pratto, Melina Petriella, Julieta Petriella, Mónica Villa, Jeanette Rodríguez, Mike Amigorena y Graciela Borges. Actualmente en cartel en el Espacio INCAA Km. 3 Arte Cinema, Salta 1620. Funciones de martes a domingo a las 18.30 hs.


18 de julio de 2010

Sobre lo áspero de la ternura

Carlitos es dependiente de una heladería en algún barrio de Buenos Aires; tiene 26 años, casi no conoció a su padre, es sumamente tímido y tiene una relación esquiva con las mujeres, a quienes principalmente conoce por chat. A partir de aquí, tras esta síntesis bastante formal sobre lo que ocurre en la película, podría comenzar a transitarse la clásica historia del chico que busca chica y consigue su objetivo y hasta obtiene el reconocimiento de su comunidad por algún hecho mínimamente heroico. Pero no. No busquen eso en EL MARAVILLOSO MUNDO DE CARLITOS. En EL MARAVILLOSO MUNDO DE CARLITOS se conjugan ritos satánicos con charlas cotidianas entre madre e hijo, tardecitas en cementerios, paseos por la Reserva Ecológica, helados Frigor, sexualidades atravesadas, shows de strip tease en el ABC o la espera infructuosa por que alguien salga de una casa que podría haber sido la suya. Y nada parece forzado, porque todo eso forma parte de ese mundo de Carlitos que de maravilloso, claro, no tiene nada. Esperen encontrarse con una comedia hosca que finalmente es una película muy triste, tan triste que deja pensando.
Enrique Stavron, el director de EL MARAVILLOSO MUNDO DE CARLITOS (y también el director de Alegría, sobre una familia de enanos de circo, o de Ma fille, la historia de una madre que abandona a su hija en Francia para curarse el desarraigo del exilio), es un tipo de exterior portentoso y de interior inconmensurable. Cada vez que presenta alguna de sus películas, ya sea en festivales sin alfombras de colores ni puntos de encuentro a la moda, o en estrenos pequeñitos en salas entrañables como las del Arte Cinema de Constitución, despliega una enorme ternura cuando se apasiona al contar cómo hizo sus trabajos o cuando reparte regalos a los espectadores (el poster, devedés de sus películas anteriores, una copia de la que acabamos de ver o barritas de chocolate Águila), ternura palpable en sus historias pero que sin embargo no es azucarada. Si Stavron se da el lujo de ser un tipo fantástico es porque en sus trabajos acaricia lo áspero con la palma de la mano abierta, y no se asusta si para conseguir sus fines tiene que ser tosco, técnica o narrativamente hablando. Stavron no aspira a encontrar la realidad ni la belleza en sus imágenes, y tal vez por eso resulte tan auténtico. Y si Stavron es auténtico es porque su amor incondicional por el cine se confunde con su vida cotidiana.
En EL MARAVILLOSO MUNDO DE CARLITOS hay imágenes de una película que Stavron filmó en los años ’90, Las desventuras de Alejandro Sisco, película con intenciones bizarras que quedo inconclusa, y que pareciera ser el antecedente directo de este trabajo en cuanto al tema. En esas imágenes que hoy resultan lejanas por su textura hay algo que sorprende y es que Stavron registra un encuentro evangelista en Plaza Constitución poniendo la cámara frente a los involuntarios actores sin invadirlos, registrándolos nomás, del mismo modo que registra a un hombre sin pierna sonándose la nariz. Esto es notable porque Enrique Stavron jamás exhibe a sus criaturas en la pantalla, las deja vivir como saben en el único mundo que les ha tocado. En medio de una película que apuntaba a lo jocoso Stavron salta el eje y bucea en lo profundo. En los ’90 quizás eso lo haya asustado; hoy esas imágenes recuperadas tienen tanta actualidad como la gente que se muere de frío debajo de las autopistas, y por eso Enrique Stavron las incluye en esta historia sobre desangelados. Desde aquellos tiempos Enrique Stavron ha crecido y se convirtió en un personaje solitario entre los cineastas argentinos. Ni es nuevo ni es viejo. A Enrique Stavron, evidentemente, le interesa la gente, y eso lo hace el único humanista de nuestra pantalla.

EL MARAVILLOSO MUNDO DE CARLITOS (Argentina, 2009, 97 min.), escrita y dirigida por Enrique Stavron. Producción: Mónica Del Blanco. Fotografía: Laura Aparici. Montaje: Martín Servente. Música Original: Enrique Stavron. Intérpretes: Carlos Castiñeiras, Mabel Bourbotte, Caroline Hilf, Lech Leszek, Miguel Fontes, Aurelie Rimbaud, Alejandro Sisco. Viernes de julio a las 20. Arte Cinema, Salta 1620. 4304-8302.

28 de junio de 2010

Sobre darle los buenos días a la angustia

Pupé Sordi vive con Meme y Sisi en un departamento interno con puerta irregular y ventanita que de a ratos deja entrar la luz del sol, aunque sea de noche. No es una vida solitaria la de Pupé: es una vida diaria. Los sábados y domingos (y durante las vacaciones de invierno todos los días) trabaja como maestra de ceremonias en Caracachumba a la carta en el teatro Metropolitan, y hoy además dio con el hombre elegido, Ringo, un gordito de sonrisa imperturbable que como ella tiene dos dientes separados; cómo dio con Ringo y como fue que logró llevarlo a su casa no es algo que se deba decir ahora (quizás lo raptó o lo robó, pero lo cierto es que Pupé Sordi no piensa devolverlo). Mañana ya veremos qué pasa con el amor y si esta relación que ha nacido establecerá una comunicación fluida entre sus almas. Por lo pronto se interpuso Mimi y la angustia, como una sombra de la propia tristeza, le arranca una canción a Pupé que el maestro Beto tan bien toca al piano y que a ella no le preocupa cantar en inglés o en castellano porque las palabras no importan, son azules.
La realidad es ridícula si uno se sienta a analizarla. Por qué pasan las cosas de la forma en la que suceden más que por una mera contingencia es también por el fruto de los errores que cometemos. Esa ridiculez de la realidad ha dejado de asombrarnos, y confrontarla a través de un texto teatral a veces no nos resulta efectivo. Por eso esta crónica diaria de la vida de Pupé Sordi resalta entre otras tantas colgadas de las marquesinas de la calle Corrientes: Pupé Sordi no nos cuenta su vida, nos la revela. Y esa revelación nos deja desnudos, estupefactos, tan vapuleados al vernos amorfos contra la pared y al descubrir que al volver a casa también nosotros hablamos con Compu, con Tele o con Camucha si no tenemos otra gente a quien decirle chau, hasta mañana. Pupé Sordi existe, claro: es el alter ego de Violeta Naón en SIENTO POR ELLA. Existe porque es su payasa interior, el pedazo de poesía que Violeta como actriz nos ofrece cuando la vamos a ver, el tiempo que se toma para contarnos los íntimos secretos de una muñeca que escondió la zozobra detrás de unos ojos asombrados y que como única armadura utiliza sin vergüenza una encarnada nariz roja.


SIENTO POR ELLA, escrita y dirigida por Violeta Naón. Escenografía: Juan Niño. Iluminación: Osvaldo Ponce. Vestuario: Paola Delgado. Intérprete: Violeta Naón. Domingos a las 21. Belisario Club de Cultura, Corrientes 1624. 4373-3465
Y sí, es cierto, no es una mera minificción en la crónica anterior: Violeta y Pupé Sordi también actúan en CARACACHUMBA A LA CARTA, el espectáculo con versiones renovadas de sus canciones clásicas que el grupo Caracachumba (Florencia Steinhard, Marina Sauber, Silvio Cattaneo, Javier Estrin y Pablo Moral) presenta este año los sábados y domingos (y durante las vacaciones de invierno todos los días) a las 16.30 en el teatro Metropolitan, Corrientes 1343. 5277-0500

5 de junio de 2010

Sobre las cosas detrás de las paredes

A uno casi lo atropella un auto por mirar distraído una casa de ese pueblo, una casa de dos plantas con sótano, aunque el dueño de casa, que vino a auxiliarlo a uno, sostiene que en esa casa no hay sótano, que no hay detalles en la fachada que lo denoten, que en esa construcción es imposible que lo haya porque está a ras del suelo. Y el dueño de casa le ofrece a uno una cerveza para que uno se tranquilice, para que uno le cuente por qué se distrajo con esa casa, justamente con esa. Y uno, luego de varios ambages, confiesa que su esposa ha desaparecido sin dejar rastros, sin una palabra de amor que indicase una despedida. Y uno, con varias cervezas más, deja en claro que sospecha, que sospecha de esa casa, que sospecha de ciertos fragmentos de papel con charlas impresas desde la computadora, de fotos que muestran el frente de esa casa, de esa casa y de su sótano, ese sótano que parece no existir. Claro que uno no es tan inocente ni tampoco su búsqueda de la verdad es tan clara, y claro que el dueño de casa no tiene nada que ocultar, nada que sea horrible, nada que lo tipifique como a un monstruo.
SÓTANO es el mecanismo de relojería de una bomba y hasta tiene una puerta oculta en la pared. Es quizás una pieza extraña en nuestra cartelera en estos tiempos porque es una pieza de géneros (suspenso, thriller psicológico, gore, todos ellos juntos), y eso la vuelve todavía más interesante porque no supedita el entretenimiento a cierta clase de denuncia. Benet i Jornet administra la palabra también desde el sonido y su duración, valorando más el impacto que produce el reverbero que su mero contenido, recurso utilizado por Xavier Albertí (el mismo director de quien se viera el año pasado en el FIBA Crónica sentimental de España y El dúo de la africana) en forma solapada, con saña. En la aparente desnudez del espacio (una pared pelada, una silla, un sillón que gira y que vuelve solo lentamente a su sitio, frente a una cortina hermética delante de la ventana) las palabras cobran otra dimensión, y las voces de Alejandro Paker y de un inquietante Boy Olmi tallan en el espectador una constante, genuina y por qué no saludable sensación de espanto.


SÓTANO, de Josep María Benet i Jornet, traducida por Javier Olivares. Dirigida por Xavier Albertí. Producción General: Salvador Collado y Rubén Barreira. Escenografía: Magdalena Berreta Míguez. Iluminación: Matías Canony. Intérpretes: Boy Olmi, Alejandro Paker. Viernes y sábados a las 21, domingos a las 20. Teatro Margarita Xirgu, Chacabuco 875. 4300-8817.

27 de mayo de 2010

Sobre la risa

Mucha gente siente aversión por los payasos. O los repele, o les teme, o se aterrorizan al ver uno en la pista de un circo, en el teatro o en la pantalla del televisor. Es que el payaso no es gracioso por sí mismo; quien siente espanto ante la presencia de un payaso quizás lo sienta porque el payaso lo refleja y le muestra una arista ridícula, sinuosa y oscura de sí mismo. Pero el payaso no se da cuenta de eso. El payaso juega, es lo único que sabe hacer.
Y en la corte de los payasos Toto (quien recién estrena cartel y encuentra gracioso todo lo que haya dentro de una caja) forma una famosa pareja artística con Batata, con quien ha recorrido el mundo con la troupe del circo, enana Anastacia incluida y una Rosita recién llegada. Y aunque la rutina de los payasos sea siempre la misma, y los gags se repitan incansables y el cuerpo se contorsione definida y cronométricamente, siempre se arma un despiplume, un charivari, un jaleo, un hullabaloo, un diavoleto, un finimondo de la hostia cuando un payaso se enamora. Y mucho más cuando los dos payasos de la compañía, aquellos que forman la famosa pareja artística Toto y Batata, se enamoran de la misma bailarina rusa, de la misma Rosita, y la bailarina rusa Rosita le corresponde a uno solo, al otro que no es Toto. ¿Puede un payaso enamorado llegar al crimen y aún hacernos reír? ¿Puede un payaso ser más grande que la vida y reservarse el último acto de los días de la gente, ese que siempre se reserva Dios, y aún así provocarnos una carcajada? Claro que sí, porque los adultos somos niños que crecimos riéndonos con cataratas de castañazos y con cascadas de saltos, volteretas, caídas y trucos físicos simulados. Porque un payaso no sana porque es gracioso, ni nos da felicidad porque es el dueño de la risa: el payaso sana y nos da felicidad porque nos hace perder el miedo. Y nos enfrenta a nosotros mismos.
De eso se trata FINIMONDO, el espectáculo que Toto Castiñeiras presenta por unas pocas funciones en el teatro Metropolitan: de hacernos perder el miedo frente al mundo hostil y de volvernos poderosos al hacernos responsables de nuestra propia risa. Toto Castiñeiras es un gran payaso, o mejor dicho, un actor que ha perdido el miedo al ridículo y domina la escena a su antojo, sostenido por muchos más recursos que los habituales tal vez porque Toto Castiñeiras sea un poeta del cuerpo y el repentismo, razón que lo proyectó internacionalmente a través del Cirque du Soleil. Toto Castiñeiras es un tipo que por ejemplo sigue con su imperturbable rutina de payaso y de pronto suelta una frase tonta que se transforma en una desesperada declaración de amor a la humanidad: Llevo bizcochos para después de los besos; que los besos sean dulces, porque los bizcochos son salados. Toto Castiñeiras, en FINIMONDO, no nos hace reír y nada más, y eso indica que más que un payaso, un clown o un actor, Toto Castiñeiras es un gran artista, a lo mejor porque nos muestra que el alma es apenas un puñado de plumas anaranjadas que se dispersan en el suelo.

FINIMONDO, de y por Toto Castiñeiras. Producción Ejecutiva: Cristina Fridman. Escenografía: Amadeo Azar. Vestuario: Renata Schussheim. Luces: Omar Possemato. Próximas funciones: 28 y 29 de junio, 1 y 2 de julio. Teatro Metropolitan 2, Av. Corrientes 1343. Reservas al 5277-0500

13 de mayo de 2010

Sobre hacerse hombre

Bamiyan, una ciudad de Afganistán en la mítica Ruta de la Seda que unía la China con la India, tenía hasta 2001 dos estatuas de Buda de 55 y 37 metros de altura respectivamente, esculpidas en la roca arenisca de un acantilado y cuyos detalles se realizaron con barro mezclado con estuco. Así vivieron estas estatuas durante aproximadamente mil quinientos años, sonriendo con esa sonrisa tan bella, dispuestas a darle paz a los peregrinos y a los hombres de buena voluntad que ante ellos se prosternaban. En 2001 el fundamentalismo talibán, iconoclasta e intransigente con los símbolos no islámicos, dinamitó y bombardeó estas figuras haciendo caso omiso a la UNESCO que las había declarado Patrimonio de la Humanidad. Tú no puedes bombardear así como así las estatuas, puesto que ambas fueron talladas en un acantilado, están firmemente pegadas a la montaña, se quejó Qudratullah Jamal, Ministro de Información talibán, dando una suerte de respuesta poética a la acción de los hombres.
Así es como los hombres muchas veces ejercitan su desarrollo a través de la destrucción, que es justamente lo que plantea un libro muy poco leído en la actualidad (pero que signó a muchas generaciones desde la inmediata primera posguerra) en una de sus citas más famosas: el que quiere nacer debe destruir un mundo. El libro es Demián, de Hermann Hesse, y visto con los ojos de hoy podría resultar chocante tal vez porque nuestras sociedades se volvieron literales, lamentablemente. En Demián, Hesse plantea el crecimiento, educación y desarrollo de Emilio Sinclair a través de la religión, las prácticas sociales, el psicoanálisis y el gnosticismo, desde los 10 hasta los 17 años. Una formación así, hoy, se brinda diluida, pero aún hoy algunos adolescentes reciben una formación romántica que los impulsa a conducirse de acuerdo a modelos extemporáneos. ¿O qué son las novísimas tribus urbanas más que conglomerados de chicos que quieren saber de qué se trata el mundo?
Hasta hace unos diez años el mundo era otra cosa, a lo mejor porque todavía se desarrollaba a cielo abierto o en los límites de nuestras casas, mirando a la calle. No es que hoy sea tan distinto, pero cualquier clase de encuentro interpersonal tiene una previa en el ciberespacio, no hablemos solo del mundo adolescente. Pongamos por caso 2001. Sábado a la noche. En un departamento del centro un living pequeñito de otro tiempo y un par de pipas alcanzan para alumbrar el camino. Dos amigos se juntan a escandir sílabas y a buscar formas ingeniosas de zafarle a los granos tardíos buceando en alusiones al Arcipreste de Hita. Mientras Ignacio y Lucas (Julián Larquier Tellarini y Julián Tello, respectivamente) se abroquelan en ese Club del Progreso de entrecasa y viven otro sábado de prestado, Pedro (Pablo Sigal), con ropa de calle, intenta saber si podrá o no tener alguna satisfacción física. Terminaron el secundario hace poco y tienen poco por hacer de cara al resto, más que burlarse de sí mismos, de los que van a Density (o Destiny, es lo mismo), de morirse de amor por Lilian Gish en ciertas trasnoches cinéfilas, o esperar que se presente la oportunidad de ver otra vez a Denise, la hermana de Pedro, recién llegada de París, hecha trizas por su ruptura sentimental, cuestión que los acercará generacionalmente y hará más fácil una… ¿conquista? ¿Pueden un par de nerds, tragas, giles, estúpidos, boludazos, levantarse una mina de mundo y con mundo como Denise? Ni Ignacio ni Lucas podrían ser capaces por sí mismos, pero sí a través de dibujos, o de citas, o de versos. Pero los hombres que Lucas pueda dibujar invariablemente tienen su edad (cerca de veinte, aunque parecen de menos) y no le sale dibujar mujeres, porque tienen los rasgos más finos. Dos extraños son los que la miran a Denise, claro. Dos extraños tan comunes para entonces, para hoy, o para siempre, mientras el mundo exterior ataca.
Porque de lo que habla LOS TALENTOS, la pieza de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob que se ofrece en ElKafka, no es sobre la conquista amorosa ni sobre el adolescente raro, como lo haría una película mumblecore (esas de chicos paradójicos que más que hablar murmuran y parecen metidos dentro de una caparazón), sino sobre como se transforma el mundo conocido y cómo uno se hace hombre. Por ejemplo la (ruinosa) entrada triunfal de Denise en el departamento (que en la piel de Carolina Martín Ferro es tan exquisita como inmediata, tan etérea como habitual, tan fácil como difícil y tan ambivalente sin esfuerzo que es un diamante exactamente engarzado), sirve para expresar cómo se destroza el mundo familiar y cómo habrá que vivir el resto de la vida con sus fragmentos. Pero reducir LOS TALENTOS a una línea argumental sería traicionarla, porque es uno de los textos más inteligentes que se exhiban en la ciudad de Buenos Aires en esta temporada, uno de esos textos que se abren a múltiples referencias con los ojos atentos, más con su textura que con su textualidad, y que invitan a reflexionar sobre cómo fue adolescente uno mismo y sobre cuándo le tocó serlo. Este es un tema importante: qué nos llevó a dinamitar nuestros Budas ha generado numerosos interrogantes, y la inteligencia de LOS TALENTOS radica en que, tras una fachada amable, esconde algunas respuestas sin sentencia porque no se regodea en la palabra dicha, porque la palabra en esta pieza ofrece imágenes perdurables como si fuera un gran anagrama, uno que cambia el sentido y que no se oscurece sino que se vuelve profundo.

LOS TALENTOS, con dramaturgia y dirección de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob, sobre idea y diálogos de Agustín Mendilaharzu. Producción Ejecutiva: Carolina Martín Ferro. Escenografía e Iluminación: Magalí Acha. Intérpretes: Julián Larquier Tellarini, Julián Tello, Pablo Sigal, Carolina Martín Ferro. Sábados a las 23.15 y Domingos a las 17.30. ElKafka, Lambaré 866, 4862-5439

26 de abril de 2010

Sobre las cosas lindas, y sobre las cosas tristes

Los que crecimos durante los '70 y los '80 crecimos rodeados por finales felices diferentes. Algunos recursos de antaño (todo fue un sueño, descubrir la verdad a última hora, el malo que se redime y se le pianta un lagrimón) fueron reemplazados por rupturas matrimoniales armónicas (Dos extraños amantes, Woody Allen, 1977), reconocimiento de la propia individualidad (Interiores, Woody Allen, 1978) o el despertar de las viejas ilusiones para forjarse ilusiones nuevas (La rosa púrpura del Cairo, Woody Allen, 1985). Si citamos aquí a Woody Allen es porque Woody Allen fue quien mejor retrató la vida de relación de la clase media intelectual en las postrimerías del Siglo XX, tan bien que los porteños de entonces llenaban las salas del Gran Rex o del Opera para ver sus estrenos, como si Woody fuese argentino. Lógicamente ese fulgor fue menguando en los '90 y se transformó en un romance otoñal en esta primera década del Siglo XXI, época en que los finales no parecen ni felices ni tristes; pareciera que el público prefiere lo agridulce, que la melancolía es más real que la felicidad. Ciertas comprobaciones empíricas nos permiten concluir que el público actual, ante la presencia de un desenlace agridulce, suele decidir que ha visto algo lindo. Qué linda la obra, se escucha al salir de la sala, termina mal. Y si termina mal a la vez te deja pensando, necesariamente. Quizás en el mundo en que vivimos la felicidad no abone el sustrato ni tampoco sea verosímil, cuestión que a veces le permita al mundo pasarse de rosca y quitarle a sus espectáculos la elegancia y la amabilidad conque el arte debiera manifestarse. El arte principalmente es reflejo y reconocimiento, no documento o catarsis; a lo mejor por eso las comedias aún siguen siendo el mejor espejo para la multitud por su constante subversión a los valores impuestos. Y los musicales son la hipérbole de esa imagen: ¿a quién no le gustaría cantar sus penas en lugar de ponerse a llorar?

Jamie y Cathy no pueden estar más juntos; se aman pero son incompatibles. El éxito de él abreva en el fracaso de ella, éxito relativo para él (se queda sin amor), fracaso relativo para ella (de tan idealista es una luchadora impenitente). Jamie es escritor y Cathy actriz, y una de las cuestiones interesantes de este cuento es que el éxito y el fracaso se disuelven en la vida cotidiana, transformando el arte en oficio y quitándole al arte el aura de bohemia ideal. Jamie y Cathy son de alguna manera el reverso de los personajes de Neil Simon en cualquiera de sus comedias románticas: son personas a los que les explotaron los sentimientos y esa explosión los dejó solos a la intemperie en el medio del temporal. Si tomamos en cuenta que LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS se estrenó en Chicago en el 2001 y en Broadway en el 2002, esa intemperie y el temporal remiten, a la luz de la historia, a la explosión de un mundo conocido.
Broadway nutrió al cine de todas las épocas, y los musicales se constituyeron en el sustento de la fábrica de sueños hasta mucho después de instalada la guerra fría. Y los musicales de la Nueva Escuela (pequeñas e íntimas obras de cámara, que contrastan con el espectáculo magnificente de la Vieja Escuela) se nutren del cine para contar sus historias, historias con lindos finales agridulces y ancladas en el mundo que les toca vivir. LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS adscribe a esta tendencia: es una obra contada en un tiempo suspendido (para Cathy, volver atrás; para Jamie, seguir adelante), en la que ambos solamente están juntos al promediar el espectáculo, momento en el que irremediablemente se quedarán solos, casi sin ilusiones más que en el recuerdo. Más que un relato narra situaciones que ocurren dentro de los personajes: aquí la estructura de la pieza cobra vuelo, porque esas situaciones se convierten en canciones y no en monólogos, y son esas canciones las que le dan impacto emocional y cercanía inmediata al espectador. Esas canciones son liberadoras de sentimientos, tan sanas como la locura y tan contundentes como la verdad.
La puesta local de Juan Álvarez Prado descansa en tres pilares sólidos: en la dirección musical de Hernán Matorra, en Germán Tripel y en Melania Lenoir. Si al salir de la sala la pieza se recuerda vívidamente es porque la música siempre estuvo allí, sin irrumpir y sin escaparse de su cauce. Dos cellos, un violín, una guitarra, un bajo y un teclado alcanzan para darle sustento a la partitura compuesta por Jason Robert Brown y espíritu a las tribulaciones de Jamie y Cathy, como una coprotagonista ideal que siempre acompaña, allana el camino y nunca se interpone. Además de tener una voz notable, Tripel consigue encontrarle matices mínimos a Jamie que a medida que avanza el relato lo vuelven más vulnerable; baste ver el dibujo de sus manos en el espacio para comprender cuánto abarca Jamie y cuánto lugar ha perdido desde el comienzo hasta el final. El lugar que pierde Jamie lo gana Cathy, pues ese camino inverso del que hablábamos antes, esa deconstrucción del tiempo de la que se vale Brown para crear al personaje, le dan a Cathy la posibilidad de transitar el sufrimiento y la felicidad no desde la realidad o la utopía sino desde los sentimientos más constantes. Melania Lenoir, una actriz sensible y una cantante maravillosa, le da tal proximidad a su Cathy que consigue hacernos olvidar la ficción y nos demuestra que cantar es una de las formas de comunicación más efectivas, más profundas.
Mientras veía LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS en la Sala B de la Ciudad Cultural Konex, no pude abstraerme a la sensación de recuperar la sorpresa por descubrir ese programa doble del '83 en el Empire con Nace una estrella (Frank Pierson, 1977) y La chica del adiós (Herbert Ross, 1977): melodrama y comedia romántica en una misma tarde en continuado, cuyas canciones (Evergreen, de Nace una estrella, y The goodbye girl, de La chica del adiós) me acompañaron hasta que entré en la vida adulta y después se transformaron en nostalgia. Y LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS, con ese amor perdido y ese amor encontrado, esos sueños que despiertan y esa realidad que se disipa, ese silencio final y ese apagón que lo grita, se transforma en una linda experiencia, pequeña es cierto, pero de huella perdurable cuando uno evoque la tristeza y descubra que no es otra cosa más que nostalgia.

LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS, de Jason Robert Brown. Dirigida por Juan Álvarez Prado. Dirección Musical: Hernán Matorra. Dirección Vocal: Clara Canale. Producción Ejecutiva: María de la Paz Zavaleta. Producción Técnica y Diseño Sonoro: Rodrigo Perret Lavecchia. Diseño de Escenografía: Santiago Fernández. Intérpretes: Germán Tripel, Melania Lenoir. Miércoles y viernes y domingo, 20.30, sábados 22.30. Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131. 4864-3200.

18 de abril de 2010

BAFICI 08 - La(s) última(s) película(s)

SWEETGRASS
Estados Unidos/Reino Unido/Francia, 2009. Guión, montaje y dirección de Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor. Producida por Ilisa Barbash. Fotografía: Lucien Castaing-Taylor. Intérpretes: John Ahern, Elaine Allestad, Lawrence Allestad, Pat Connolly. Competencia Cine del Futuro
Este extraño documental adquiere pleno sentido cuando sabemos por qué fue realizado. Es un documental sobre ovejas que balan, que las esquilan, tienen corderos y pastan en las montañas del oeste norteamericano tal como se viera como ilustración de ciertos westerns, aunque SWEETGRASS no sea para nada bucólica. Un pastor cascarrabias que insulta a las ovejitas (insoportables ovejitas, miríadas de ovejitas por los polvorientos caminos), tan cascarrabias con su trabajo como un empleado municipal, es uno de los rancheros que hacen ese último viaje con su ganado a los prados fiscales de Beartooth, una cadena montañosa de Montana. Ese lugar, tras esos días de pastura, ya no será de utilización común y gratuita. Esto lo sabemos por una leyenda al final del relato y es ahí cuando SWEETGRASS, excelente ejemplo de cine directo, adquiere otra relevancia y ese contraste entre el arte y la más rabiosa experiencia natural que habíamos visto se convierte en el mejor homenaje a una forma de trabajo que ya no existe, al menos en ese país.

LOS LABIOS
Argentina, 2010. Escrita y dirigida por Santiago Loza e Iván Fund. Producida por Iván Elbuszyc, Santiago Loza e Iván Fund. Fotografía: María Laura Collasso. Montaje: Lorena Moriconi. Intérpretes: Eva Bianco, Victoria Raposo, Adela Sánchez, Raúl Lagger. Competencia Argentina
Santiago Loza colaboró en el guión de La risa, la película de Iván Fund, e Iván Fund fue colaborador artístico de Rosa Patria, el documental sobre Néstor Perlongher que presentara Loza en 2009. Líneas, aristas, ángulos del trabajo de cada uno se cruzan y se complementan, por lo que es absolutamente lógico que codirigieran LOS LABIOS y produjeran una de las películas argentinas que mejor se acerca al interior del país, además de llevar en sus imágenes una austera poesía donde no tienen espacio los reclamos altisonantes. En LOS LABIOS tres mujeres dedicadas a la salud y a la asistencia social, trabajan en un paraje donde la pobreza no es sinónimo de indignidad, y trabajan para esa gente quizás dejándose a un lado a ellas mismas, metiendo el cuerpo en el barro si es necesario para sacar algo en limpio. Si La risa era una película notable por su estudio sobre la juventud en la Argentina actual, y las películas de Loza pequeños retratos del mundo interior de ciertos seres, LOS LABIOS conjuga lo mejor de ambos (la observación de caracteres de Loza y el depurado oficio de cámara de Fund) y redondea, si no la mejor, una de las mejores apuestas del cine nacional en esta edición del BAFICI.

LOS PREMIOS

Nadie es perfecto, mucho menos el jurado de un festival de cine. Aunque no estoy de acuerdo con algunos premios (las mejores películas de las Competencias Internacional y Argentina, por ejemplo), es cierto que la selección de cada competencia importante este año fue impecable. A uno podrán gustarle más o menos, y estar de acuerdo con sus estéticas en mayor o menor medida, pero ni siquiera INVERNADERO (una de las menos interesantes que yo haya visto en este BAFICI, porque deja en evidencia su procedimiento y se agota en él) es una película invisible. Que a mí no me haya gustado no es síntoma de nada; no coincido con su forma ni con su contenido ni con su alcance, pero es una película que de seguro tendrá su público, público al que tiene algo que decirle.

Mejor Película Competencia Internacional: ALAMAR (México), de Pedro González-Rubio
Mejor Director Competencia Internacional: Corneliu Porumboiu, POLITIST, ADJECTIV (Police, adjective / Policía, adjetivo, Rumania)
Mejor Actor Competencia Internacional: Dragos Bucur, POLITIST, ADJECTIV
Mejor Actriz Competencia Internacional: María Villar y Pilar Gamboa, LO QUE MÁS QUIERO (Argentina)
Mención Especial del Jurado: LA BOCCA DEL LUPO (La boca del lobo, Italia), de Pietro Marcello
Mención a la Mejor Película Argentina de la Competencia Internacional: LO QUE MÁS QUIERO, de Delfina Castagnino
Mejor Película Competencia Argentina: INVERNADERO, de Gonzalo Castro
Mejor Director: Santiago Loza e Iván Fund, LOS LABIOS
Mención Especial del Jurado: SOMOS NOSOTROS, de Mariano Blanco
Mejores Cortometrajes: SÁBADO UNO, de Ignacio Rogers; MIENTRAS PASEO EN CISNE, de Lara Arellano; LA MIA CASA, de Marcelo Scoccia
Mejor Película Competencia Cine del Futuro: MORRER COMO UM HOMEM (Morir como un hombre, Portugal), de Joao Pedro Rodrigues
Premio FIPRESCI: LO QUE MÁS QUIERO
Premio Asociación de Críticos de la Argentina: LOS LABIOS
Premio FEISAL: LOS LABIOS
Premio SIGNIS: LA BOCCA DEL LUPO
Premio Derechos Humanos: CUCHILLO DE PALO (España / Paraguay), de Renate Costa
Premio UNICEF: ALAMAR
Premio ADF: OS FAMOSOS E OS DUENDES DA MORTE (Brasil), de Esmir Filho
Premio del Público Competencia Internacional: MARY AND MAX (Mary y Max, Australia), de Adam Elliot
Premio del Público a la Mejor Película Argentina: EL AMBULANTE, de Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich.
Premio del Público BAFICITO: KERITY, LA MAISON DES CONTES (Kerity, la casa de los cuentos, Francia / Italia), de Dominique Monféry

15 de abril de 2010

BAFICI 07 - The (first) last picture show

BUMMER SUMMER (Verano plomazo)
Estados Unidos, 2010. Escrita y dirigida por Zach Weintraub. Producida por Nandan Rao. Fotografía: Nandan Rao. Montaje: Jesse Fisher. Intérpretes: Mackinley Robinson, Maya Wood, Zach Weintraub, Alex Rivera, Julia McAlee. Competencia Internacional
¿Quién no tuvo un verano plomazo en su vida? ¿Quién no perdió a su novia, a sus amigos, las ganas de estar en la playa o de vivir aventuras cuando descubre que el sitio de esas aventuras es más aburrido que estar en casa? Es que los veranos plomazos son los veranos de la adolescencia, esos en los que algo cambia para definitivamente quedar atrás. Zach Weintraub observa aquí ese tema y apenas si lo enuncia, queriendo ser consecuente con las sensaciones más que con la posible historia. Aunque no lo logra del todo uno de sus grandes méritos está en el encuadre y la fotografía en blanco y negro de Nandan Rao , que consigue transmitirle al espectador esos bordes difusos en los que la nostalgia le gana al recuerdo.

CENTRO
Argentina, 2010. Guión, fotografía y dirección de Sebastián Martínez. Producida por Walter Tiepelmann y Mario Durrieu. Montaje: Alejandra Almirón. Competencia Internacional
CENTRO es una película desesperante porque uno descubre al cabo de un rato de proyección que no vive o transita por Buenos Aires, sino que apenas si consume la ciudad. Los clásicos ejemplos de Walter Ruttmann (Berlín, sinfonía de una gran ciudad) o de Jean Vigo (A propósito de Niza) encuentran un compañero más en CENTRO, obra que forja futuro porque observa el presente sin juzgarlo desde su soporte cinematográfico, y que es la primera que estudia los cambios que sufre la ciudad a partir de la incorporación de nuevas culturas venidas de la inmigración, notablemente en el cuasi exorcismo frente al viejo cine Iguazú (hoy Iglesia Universal del Reino de Dios). Y también sirve como ariete al olvido cuando esos hombres que recuerdan los cines de la calle Lavalle enumeran los que había en cada una de sus cuadras peatonales, y uno descubre que no han nombrado al Select Lavalle, ese que en las trasnoches proyectaba The Wall, y que a uno le dan ganas de recuperar aunque sea en este blog.

MARY AND MAX (Mary y Max)
Australia, 2009. Escrita y dirigida por Adam Elliot. Producida por Melanie Coombs. Fotografía: Gerald Thompson. Montaje: Bill Murphy. Voces: Toni Colette, Philip Seymour Hoffman, Eric Bana. Competencia Internacional
Mary Daisy Winkle vive en Melbourne, Australia, tiene 8 años, una madre alcohólica, un padre taxidermista, un gallo llamado Ethel, un vecino sin piernas, una mancha en la frente que parece caca y el sueño de comprar un castillo en Escocia y casarse con un señor llamado Earl Grey, como el té. Max Jerry Horowitz vive en Nueva York, Estados Unidos, tiene 44 años, es judío, obeso, sufre el síndrome de Asperger (esa forma de autismo que impide la empatía con otros individuos), come panchos de chocolate y sus trabajos son de lo más variados (probar condones o ser oficinista en el ejército, por ejemplo). Una tarde en Melbourne Mary decide tener un amigo al otro lado del mundo y al azar, mientras su madre roba mercadería en una tienda, rescata el nombre y la dirección de Max y esa noche le escribe una carta bajo las sábanas de su cama. Max, al recibirla, queda en trance un día entero hasta que cortésmente le responde con una carta larguísima. Lo que sigue son veinte años de amistad entre una niña y luego mujer con un hombre difícil, amistad de solitarios, de gente ocre y de gente gris que acepta tener un toque de color en algún momento de su vida. Tal para cual pese a la brecha de sus generaciones, y gente que ama sin pedir nada a cambio. ¿Este tema en una animación con muñecos de plastilina? Una de las películas más humanas que se hayan presentado en esta edición del festival hecha justamente desde lo más humano que uno dispone: el espíritu.

POLICE, ADJECTIVE (Politist, adjectiv/Policía, adjetivo) Rumania, 2009. Escrita y dirigida por Corneliu Porumboiu. Producida por Marcela Ursu. Fotografía: Marius Panduru. Montaje: Roxana Szel. Intérpretes: Dragos Bucur, Vlad Ivanov, Ion Stoica, Irina Sailescu, Cosmin Selesi. Competencia Internacional
Rumania, esta época. Hace veinte años que Nicolae Ceaucescu ha sido ejecutado y sin embargo en Bucarest y alrededores las cosas no han cambiado tanto. Cristi es policía y en misión secreta debe investigar a un chico que fuma marihuana, un grave delito para las leyes de ese país. Pero Cristi no cree que sea para tanto; recién casado vio en su luna de miel en Praga que la gente fuma marihuana en las esquinas y nadie parece preocupado por eso. Entonces se niega a encarcelar al chico y que le caigan siete años a ese chico por semejante estupidez, y a él toda la desdicha en la conciencia por haber actuado sin convicciones verdaderas. Su jefe, pues, lo obliga a buscar la palabra conciencia en el diccionario de la lengua rumana, y luego policía. De acuerdo a este argumento se construye una de las grandes películas que se hayan producido en el mundo en los últimos años, cuya pureza cinematográfica capta el verosímil del presente y lo proyecta más allá de su época a través de larguísimos planos secuencia sin tiempos muertos ni recursos manieristas, con sentido del humor, rigor político y voluntad de despertar conciencias sin discursos ni demagogia, utilizando el lenguaje (el del cine y el del habla) como arma de defensa y no como estandarte en batallas ajenas.


OS FAMOSOS E OS DUENDES DA MORTE (Los famosos y los duendes de la muerte)
Brasil, 2009. Dirigida por Esmir Filho. Escrita por Esmir Filho e Ismael Canappele. Producida por Sara Silveira y María Ionescu. Fotografía: Mauro Pinheiro Jr. Montaje: Caroline Leone. Intérpretes: Henrique Larré, Samuel Regginato, Tuane Eggers, Ismael Canappele, Áurea Baptista. Competencia Internacional
OS FAMOSOS E OS DUENDES DA MORTE es una película triste venida desde Brasil. Sí, claro, en Brasil también hay tristeza, y sitios lacónicos alejados de la playa, y visiones fantasmales de muertos que no debieron irse tan pronto. No es una película esotérica, tal vez todo lo contrario; es una película forjada en la era de Internet y en sus relaciones virtuales, en la pura materialidad. Y en la nostalgia por los momentos robados a la noche, en los sueños de la duermevela. No es una película sobre la adolescencia, aunque sus protagonistas lo sean: es una película sobre la incertidumbre, cuyas sutiles imágenes deambularán sin rumbo en tu cabeza durante mucho tiempo.

LES BEAUX GOSSES (Los bellos niños) Francia, 2009. Dirigida por Riad Sattouf. Escrita por Riad Sattouf y Marc Syrigas. Producida por Anne-Dominique Toussaint. Fotografía: Dominique Colin. Montaje: Virginie Bruant. Intérpretes: Vincent Lacoste, Anthony Sonigo, Alice Trémolière, Julie Scheibling, Robin Nizar-Duverger. Competencia Internacional En 1981 se estrenaba en el país una película de Claude Pinoteau que aquí se llamó Adolescentes de fiesta y cuyo título original era La boum. Adolescentes en conflicto con sus hormonas más que con su extrañado entorno, los protagonistas de La boum podrían ser los padres de los adolescentes de LES BEAUX GOSSES, otra película francesa sobre adolescentes conflicto con sus hormonas y con su extrañado entorno (la conjunción es la diferencia, no tan pequeña como pareciera). Uno creció viendo este tipo de cintas, por lo que LES BEAUX GOSSES no resulta nada novedosa. Lo nuevo sería tal vez ver el desparpajo de estos chicos, pero haciendo memoria en todas las épocas el desparpajo estuvo presente en la forma en la que lo permitían el buen y el mal gusto. Es muy divertida, sí, y tiene un algunos actores (Vincent Lacoste, Anthony Sonigo, Noémie Lvovsky) que logran la empatía de cualquier franja etaria, ¿pero eso alcanza para que compita en la Competencia Internacional de este festival? Da para pensar que el BAFICI es finalmente un festival adolescente. Bueno, o que está en su adolescencia. O que a nivel mundial el cine ha dejado de ser adulto.

EL RATI HORROR SHOW Argentina, 2010. Escrita y dirigida por Enrique Piñeyro. Co- director: Pablo Tesoriere. Producida por Enrique Piñeyro, Pablo Tesoriere y Pablo Galfre. Fotografía: Sol Lopatín. Montaje: Germán Cantore. Intérpretes: Enrique Piñeyro, Germán Cantore. Competencia Argentina Más urgente que Fuerza Aérea Argentina (aquí no hay una institución que modificar, sino conseguir la libertad de una persona), este nuevo documental de Piñeyro se redime de lo televisivo por la cínica ironía de su factótum, que es más cínica y más irónica en la pantalla de un cine que en el living de tu casa. El tema es importante y su investigación valiosa, ¿pero eso alcanza para que compita en la Competencia Argentina de este festival? Darle espacio en las Noches Especiales o en la sección Panorama, o incluso como apertura o cierre de las competencias, hubiera realzado su función. Aquí no se ponen en tela de juicio los valores de EL RATI HORROR SHOW sino los criterios de selección de la programación del BAFICI. Bueno, lo que uno supone que son los criterios de selección, claro.

TORINO
Argentina, 2010. Guión, montaje y dirección de Agustín Rolandelli. Producida por Laura Ponte y Josefina Luchessi. Fotografía: Román Cárdenas, Fernando Gatti. Intérpretes: Oreste Berta, Heriberto Pronello, Horacio Marassi, Ezequiel Rodríguez, Walter Jakob. Competencia Argentina
El Rastrojero, el Pulqui y ahora el Torino tienen que ver con el BAFICI: son máquinas de producción nacional, discontinuas y legendarias, que tuvieron sus películas en 2006 (El Rastrojero, utopías de la Argentina potencia, de Miguel Colombo y Marcos Pastor), 2007 (Pulqui, un instante en la patria de la felicidad, de Alejandro Fernández Mouján) y 2010, la que ocupa esta crónica. Al igual que las anteriores TORINO escapa a la égloga del canto pastoril y se mete con todo en una de las grandes pasiones argentinas: el automovilismo rutero, el más popular en su clase porque le permite a cualquiera pedir pista. El auto-emblema de los ’60 y ’70, que se dejó de fabricar en el ’81, merecía un documental por todo lo que aportó a la clase media del país, y aquí lo tiene. Y viene con yapa: el grueso de su metraje está dedicado a las 84 horas de Nürburgring, una carrera de tres días y medio que se desarrollo en esa ciudad alemana entre el 20 y el 23 de agosto de 1969, donde el Torino llegó primero… pero no ganó la carrera. Y la carrera está recreada como en las películas sobre automovilismo (Grand Prix, 24 horas de Le Mans), con fondos proyectados y pilotos parecidos a dibujos animados, lo que transforma a TORINO además en un gran divertimento. Una película simple y valiosa sobre pasiones profundas y sobre la historia cotidiana de los argentinos.
MI RANKING DE LA COMPETENCIA INTERNACIONAL
Police, adjective
Centro
Os famosos e os duendes da morte
Mary and Max
El ambulante
Red dragonflies
Cuchillo de palo
Paraíso
Go get some rosemary
Lo que más quiero
Alamar
The robber
Les beaux gosses
Bummer summer
La mujer sin piano
La quemadura
Ajami
La bocca del lupo
Putty Hill