CINCO11 de abril de 2010
BAFICI 03 - Más corazón que odio (primera parte)
CINCO9 de abril de 2010
BAFICI 02 - Un día de furia
PARAÍSOBAFICI 01 - Dios y el Diablo en la tierra del sol
AJAMIIsrael/Alemania, 2009. Escrita y dirigida por Scandar Copti y Yaron Shani. Producción: Moshe Danon, Thanassis Karathanos. Fotografía: Boaz Yehonatan Yaacov. Montaje: Scandar Copti y Yaron Shani. Intérpretes: Fouad Habash, Nisrine Rihan, Elías Saba, Youssef Sahwani, Abu George Shibli. Competencia Internacional
Ajami es un barrio de Jaffa, al sur de Tel Aviv, sitio poblado por árabes musulmanes, cristianos, judíos observantes e israelitas ecuménicos. Hay tensión, hay odio, y el amor se ocuta y se teme; la vida no tiene valor y en esa lucha por el poder da lo mismo ser culpable que inocente. Si, claro, todo esto que dijimos recién es un pequeño sumario de lugares comunes de los que AJAMI escapa pero sin salir indemne. En el metraje de AJAMI (largo metraje) la tirantez está puesta en el texto y sus anécdotas pero no tanto en la realización y el montaje, de pasmosa seguridad técnica que no siempre está al servicio de las necesidades narrativas. Es posible que la estructura del guión sea más potente que su diseño audiovisual, tal vez por eso de pretender hacer política y no denuncia. Si marcamos esto como un defecto se debe a que los personajes principales tienen entre 10 y 19 años y no alcanzan a medir o comprender la dimensión de sus actos; quizás la desprolijidad en la imagen hubiera contribuido a darle una visceralidad que en balance final AJAMI no tiene. Y esa desprolijidad visual ausente oculta al verdadero protagonista de la película de Copti y Shani: el tiempo. La importancia de un reloj de bolsillo, tanto como representación del tiempo escindido como también del tiempo que corre y no avanza, se descubre cuando AJAMI cierra con una tranquilizadora y previsible dureza sin haberse abismado nunca en suelos movedizos.
PUTTY HILLEstados Unidos, 2010. Escrita y dirigida por Matt Porterfield. Producción: Jordan Mintzner, Steve Holmgren, Joyce Kim, Eric Bannat. Fotografía: Jeremy Saulnier. Montaje: Marc Vives. Intérpretes: Sky Ferreira, Zoe Vance, James Siebor Jr., Dustin Ray, Cody Ray. Competencia Internacional
Todo el tiempo están moviéndose, dice un pibe respecto de los skaters, de los ciclistas y de los drogadictos que dan con sus huesos en esa plaza de Baltimore. Y luego un sticker reza en un negocio que no se le venden cigarrillos a menores de 18, y un chico pinta en la pared una leyenda que dice “Descansa en paz, Cory”. Cory, el sujeto ausente de esta película, se murió por sobredosis o porque cayó en sus sueños como dice una chica en algún momento. De Cory sólo vemos una foto, el gran elemento poético de PUTTY HILL: en esa foto Cory no tiene los 25 que dicen que tenía al morir sus deudos y allegados, o no los representa. Y si esa foto es el gran elemento poético de la película de Matt Porterfield se debe a que todo el hiperrealismo que la compone (cabellos desteñidos, tatuajes inconclusos, paredes descascaradas, drogas duras) está tan perfectamente encuadrado en lo cinematográfico y tan estéticamente recortado de la vida misma desde las intenciones de su guión, que esos viejos que se comportan como niños, esos niños que escuchan en una biblioteca un cuento sobre la desaparición de otro niño, esos adultos que juegan a sufrir menos mientras componen canciones adolescentes, y esos adolescentes que sufren de verdad y no en forma verosímil, dejan en evidencia el artificio y deshacen el recurso de la entrevista objetiva acercando el todo a un mero show de la realidad, artilugio notorio en la secuencia del funeral. Y si ese moverse todo el tiempo del que hablábamos antes pretende denunciar el quietismo y la anomia sociales en los que viven ciertas ciudades de los Estados Unidos, la denuncia es tan fácil de comprender y digerir como tan rápido de dejar atrás y olvidar.
HADEWIJCHFrancia, 2009. Escrita y dirigida por Bruno Dumont. Producción: Rachid Bouchareb, Muriel Merlin. Fotografía: Yves Cape. Montaje: Guy Lecorne. Intérpretes: Julie Sokolowski, David Dewaele, Yassine Salim, Kart Sarafidis, Brigitte Mayeux-Clerget. Panorama – Trayectorias
El cine de Bruno Dumont remite por su fisicidad al de Robert Bresson: nunca los rostros de la gente pueden ser más expresivos sino cuando uno tiene el suficiente tiempo para contemplarlos y aprehender la autenticidad que nos transmiten, aquello que escapa a la mirada cotidiana. Baste recordar a Pharaon de Winter (el policía que encarnó Emmanuel Schotté en La humanidad) oliendo a los sospechosos para comprender el alcance de esta cuestión que de alguna manera une lo carnal con lo sagrado. Pero HADEWIJCH no se queda ahí; también recuerda a Bajo el sol de Satanás, la película de Maurice Pialat basada en la novela de George Bernanos, aquel escritor que inspirara a Bresson para Diario de un cura rural. Y se parece en que aquí lo divino deviene en perturbación fundamentalista, porque Céline/Hadewijch se ampara en la fe para expresar su inconformismo frente a la sociedad, para legitimar su locura extática o para aprender a cantar como una sirena cuando se acerque un navegante. Algo así fue Hadewijch de Amberes, una poetisa mística del siglo XII, con su desmesurado amor a Dios. Y así está el mundo que no nos damos suficiente cuenta hacia dónde nos dirigimos, nos dice abrupta, explosivamente Dumont, sin religiosidad ni discursos. Por eso HADEWIJCH es tan violenta, tan cercana, tan pasmosa, porque los salvos son los pecadores, y los pecadores son los únicos que observan el mundo con una mirada inocente y resignada.
MORRER COMO UM HOMEM (To die like a man / Morir como un hombre)Portugal/Francia, 2009. Dirigida por Joao Pedro Rodrigues. Escrita por Joao Pedro Rodrigues y Rui Catalao. Producción: Maria Joao Sígalo. Fotografía: Rui Poças. Montaje: Rui Mourao, Joao Pedro Rodrigues. Intérpretes: Fernando Santos, Alexander David, Gonzalo Ferreira de Almeida, Chandra Malatitch, Jenni Larrue. Competencia Cine del Futuro
MORRER COMO UM HOMEM no es un fado, tampoco una balada y mucho menos un tango: hereda la melancolía de todos ellos y la transforma en una voz universal sobre la tristeza de los hombres. Tampoco es un melodrama, una comedia o un musical, porque MORRER COMO UM HOMEM es un río con rápidos vehementes y remansos crepusculares. Y es un río que cuando besa la costa descubre duendes y vagabundos perdidos y florcitas silvestres y plegarias atendidas. MORRER COMO UM HOMEM no es una película sobre la muerte, trata sobre vivir como uno quiere, sobre existir como uno puede, sobre irse con dignidad cuando nos llegue la hora y sobre ser auténticos todo el tiempo, porque Dios siempre nos lo permite. Es una película bella porque la belleza es superior a la hermosura y a la juventud, es un paseo por el alma de la gente, una canción que se canta contra la ventana cuando llueve, en un susurro, aunque alguno nos haga callar. Lo más importante es que es una gran película, de esas que no se olvidan tan fácil y cuyas imágenes se tornan indelebles en nuestra experiencia.
7 de marzo de 2010
Sobre ciertas mujeres
Virginia Woolf, Las olas
Hay muchas clases de mujeres dentro de la literatura, del cine o del teatro, aunque casi siempre quedan en el recuerdo ciertas imágenes femeninas referentes de lo romántico, de lo épico o de lo puramente sexual: Julieta, Juana de Arco o la mismísima Betty Boop, entre tantas otras. Pero la idea de una mujer cotidiana se vuelve memorable cuando esa mujer logra imponer su nombre por sobre el ícono, y consigue atribuir su individualidad a la respuesta que logre darle a la historia que le toca vivir: Nora en Casa de muñecas, la Vecchia Lolotta en Milagro en Milán, o la Colometa de La plaza del diamante.
Mercè Rodoreda (Barcelona, 1908; Gerona 1983) fue una escritora a quien se le atribuyó ser una suerte de Virgina Woolf en lengua catalana. Rodoreda se casó con su tío, sufrió exilio pasada la Guerra Civil Española, abandonó un hijo, huyó con un amante casado, escritor como ella, ese escritor la engañó en el otoño de su vida, volvió a España para reconociliarse con su pasado y murió honrada como la mejor de su clase. Su vida así contada merece una biografía épica, pero el legado de sus palabras desmiente la aventura. Rodoreda se encargó de escribir historias con mujeres cuya visibilidad se opaca en el yugo diario y cuyo rescate depende no tanto de la imaginación sino de observar el ordinario alrededor.
"(...)
Y cuando me desperté de un sueño de tronco, con la boca seca y amarga, toda yo salida de la noche de cada noche, que aquella mañana era un mediodía, me levanté y me empecé a vestir como siempre un poco sin darme cuenta, con el alma guardada todavía dentro la cáscara del sueño. Y cuando me puse de pie me sujeté las sienes con las manos y sabía que había hecho algo diferente pero me costaba pensar en lo que había hecho (...) El agua estaba fría y eso me hizo recordar que el día antes, por la mañana, a la hora de la boda, había llovido mucho y pensé que por la tarde, cuando fuese al parque como siempre, a lo mejor todavía encontraba charcos de agua en los senderitos... (...) o unos cuantos pájaros chillones que bajaban de las hojas como relámpagos, se metían en el charco, se bañaban en él con las plumas erizadas y mezclaban el cielo con fango y con picos y con alas. Contentos..."
LA PLAZA DEL DIAMANTE, de Mercè Rodoreda en versión de Joan Ollè. Dirigida por Diego Demarchi. Escenografia: Fernando Lancelloti. Luces: Eduardo Pérez Winter y Adrián Grimozzi. Música original: Natalia Sordi. Intérprete: Fernanda Pérez Bodria. Jueves a las 21.30. Teatro Tadrón, Niceto Vega 4802, 4777-7976.
22 de febrero de 2010
Sobre la(s) soledad(es)
SONIA: ¡Le queda tan mal! Usted es elegante, tiene una voz tierna… Más aún, no conozco a nadie tan hermoso como usted. Entonces, ¿por qué quiere asemejarse al común de los hombres, a esos que beben y juegan a los naipes? ¡Oh, le suplico que no lo haga, se lo ruego, lo conjuro!
Andréi Serguéievich Prósorov y Sofia Aleksándrovna (Sonia), en Tres hermanas y Tío Vania, piezas de Antón Chejov.
El diálogo se produce cuando uno le encuentra voz a sus palabras, porque es entonces, con la voz, cuando uno tiene algo para decirle al otro. Por eso al dialogar da la sensación de que no estamos solos y de que pasa el tiempo, de que se materializa el presente, de que los demás momentos quedaron suspendidos en el espacio difuso de nuestra memoria. Si tenemos algo que decirle al otro se corporizan nuestras emociones así sean cuentos con apariencia de realidad, y no es tan importante la verdad porque la emoción siempre es genuina. La emoción nos encarna. Y mucho más se encarna en el teatro.
Antón Chejov (Taganrog, Rusia, 1860; Badenweiler, Alemania, 1904) estudió en una escuela griega donde iba la burguesía de su ciudad natal, se hizo sastre, se recibió de médico, contrajo tuberculosis, hizo un censo de prisioneros en la isla de Sajalín que luego transformó en un ensayo, y fue un cuentista y autor teatral que marcó el camino en la literatura y el teatro para las actuales generaciones. Pero lo más importante, lo que llega a nuestros días de todo su trabajo, es que fue un humanista, un hombre que tradujo en voces sus profundas observaciones sobre el alma gastada de la gente. En su Cuaderno de Notas, recientemente publicado en español por La Compañía, Chejov escribe “<… Esa mujer… Me casé a los veinte años, no he tomado un solo vaso de vodka en toda mi vida, no he fumado un solo cigarrillo…> Y sin embargo… Después que hubo pecado todos lo amaron más aún y le tuvieron más confianza. Y, caminando por la calle, comenzó a darse cuenta de que la gente era más tierna y gentil con él, sólo porque era un pecador”. Sin grandes conflictos a la vista las obras de Chejov trascienden por presentar un esquema de psicología colectiva tan universal como sin tiempo, una pincelada de eternidad.
de las tías solteronas del narrador, el estado de cosas en 1936, cuando Irlanda se convierte en Éire y se separa de la corona británica, dejando a Omagh, la ciudad natal de Friel, dentro de los condados del Ulster. Friel, al igual que Chejov, prefiere fijarse en aquellas cosas que animan y dan ganas de vivir antes que en la vivisección de los hechos trascendentes. Ni Chejov ni Friel se apartan de su era; simplemente la viven sin cuestionarla en forma directa, padeciendo sus tiempos muertos y sin darle relieve a los grandes acontecimientos. Así Gerry Evans cuenta su alistamiento como voluntario en la Guerra Civil Española: “Supongo que es un sindicalista. No. Anarquista. No. Marxista. No. Republicano, socialista, comunista. No. Habla español. No. Fabrica explosivos. No. Maneja motocicletas. Sí. Adentro. Firme aquí”. Esas cuestiones políticas, nacionales e internacionales, se reflejan en uno de los momentos más teatralmente duraderos que se hayan escrito en la última parte del siglo XX, y que Agustín Alezzo montara aquí en 1995, durante la temporada de Danza de verano en el Teatro del Globo: el baile de Chris, Agnes, Maggie, Rose y Kate, una danza folklórica sobre la recolección de la cosecha, enloquecida y anárquica, que construye un presente poético y sobrevuela la Historia.

AFTERPLAY, de Brian Friel. Traducción: Vilma Ferrari. Adaptación y Dirección: Marcelo Moncarz. Producción Ejecutiva: Vilma Ferrari. Diseño de Iluminación: Omar Possemato. Diseño de Escenografía y Vestuario: Cecilia Stanovnik. Intérpretes: Lidia Catalano, Miguel Moyano. Sábados a las 21 y domingos a las 20.30. Andamio 90, Paraná 660, 4373-5670.
31 de enero de 2010
Sobre madres, hijas y hiedras al sol
Turismo urbano, de Hebe Uhart, publicado en el libro Turistas, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2008.
En el universo literario de Hebe Uhart (Moreno, Buenos Aires, 1936) los personajes de sus cuentos viven una realidad extrañada, quizás de pantano peludo. Realidad extrañada no por la rareza de los sucesos sino por lo agudo de la mirada, mirada que por momentos es netamente subjetiva y por momentos de tan precisa objetividad que hasta desnuda lo invisible, porque los personajes de Hebe Uhart no se detienen a pensar en la belleza o el espanto sino en ese limbo duradero que es la normalidad. Es por eso que de tan cercanos a veces nos repelen porque de tan comunes son únicos, efímeros.
De algo de eso trata QUERIDA MAMÁ O GUIANDO LA HIEDRA: trata acerca de una hija que se apila con sus recuerdos sobre la mesa, una hija que de tantos recuerdos es vieja y no es madre, que no quiere apoyar los pies en el piso ni tampoco despertarse de la siesta. Y trata de una madre muerta que no se fue de la casa, que todavía baldea el patio y lleva las riendas del destino para que su hija no siga perdiendo las cosas ni para que sea una dejada. Y así va pasando la tarde sobre un balcón que ya no es el de una casa y trepando con la hiedra derechita y ausente, queriendo escribir la hija una tercera carta imaginaria a mamá, y sabiendo mamá que tiene que irse antes de que se haga de noche en la vida o en la evocación.
Para plasmar este universo inasible por lo patente e intransferible, Laura Yusem opta por dejar hablar a las palabras de Hebe Uhart, palabras que irán adquiriendo sentido a medida que la escena se desarme, a medida que los pensamientos dejen de ser racimo para transformarse en cotidianeidad. La dramaturgia de este espectáculo se ampara en su puesta en escena, en sus sonidos, en las luces que por momentos son guiños como destellos de la memoria sin tristeza ni felicidad. Y por supuesto que se apoya en sus actrices, y en un final que además de ser bellamente plástico es de una sensibilidad infrecuente, un final que no se lava con el agua y que se queda en la orilla de nuestra emoción.
Julieta Alfonso no resigna la adolescencia de esa hija y por eso logra que su personaje sea irritante, desvalido y de una ternura resignada, como algunas de las heroínas tan poco heroicas de Chejov. Martha Rodríguez, como la madre, trasciende su oficio de actriz de amplia trayectoria porque le da a su mamá una comprensión muy particular. Su personaje no es un espectro: es un recuerdo, vivo; baste verla entrar a escena para comprender que en la rutina hay un espacio poético cuyas imágenes son esenciales e indelebles, imágenes que forman parte del universo común y que no son otra cosa más que la misma existencia. Su trabajo es tan profundo como importante y podría sintetizarse en estos versos de la Tercer Elegía escrita por el poeta Rafael Rubio (Santiago de Chile, 1975):
Que ya no hay piedra en que acostar la piedra
que te alcance la voz en lo lejano.

20 de enero de 2010
Sobre el lejano oeste, gladiadores y los mejores amigos
El programa consistía en un western histórico y en una de gladiadores: La última aventura y Maciste contra el Sheik. Confieso que hoy, recién hoy, me entero de que La última aventura es una producción de 1967 en Cinerama, que está dirigida por Robert Siodmak, interpretada por Robert Shaw y Robert Ryan, y cuyo título original es Custer of the West. Sí recuerdo que era larga, aburrida y que no se proyectaba en Cinerama, privilegio reservado para el Gaumont de Congreso. De Maciste contra el Sheik, una película del '62 con un forzudo llamado Ed Fury, solo recuerdo que la imagen de Maciste reventando cadenas con la fuerza de su pecho era idéntica a la de Anthony Quinn haciendo lo mismo como Zampanò en La Strada (Federico Fellini, 1954), película que vi unos diez años después, y cuando ya tenía unos treinta me recordó a Bartolomeo Pagano, el primer Maciste del cine en la primera película peplum (películas con fortachones vistiendo peplo, esa túnica sin mangas abrochada al hombro en una Roma o Esparta de cartón piedra) en la historia del mundo: Cabiria (Giovanni Pastrone, 1914).

Siempre me gustó espiar la cara de los espectadores mientras miran la pantalla; en una de esas incursiones visuales noto que un pibe de mi edad se corre unos lugares acercándose a mí. Claro que me dio miedo, porque no había tanta gente en la sala. Aunque había que temerle a la gente grande que un desconocido se te acercara era algo peligroso, y como para escapar había que salir corriendo desde el centro de la fila, uno se exponía a que los demás lo chiflen por interrumpir el espectáculo. Así que me quedé quietito en mi asiento mientras el pibe se acercaba hasta sentarse a mi lado y me extendía la bolsita con caramelos que llevaba en la diestra. Le acerté a un Media Hora instintivamente. “Es la primera vez que vengo solo al cine”, confesó en voz baja sin que le preguntara nada; “tenía miedo de la gente”. “¿Después vamos al Rubí a comer pizza?”, le pregunté, y me hizo que sí con la cabeza. A partir de ahí empezó la mejor parte de La última aventura, la de la batalla de Little Big Horn que perfilaba la muerte de Custer y del Séptimo de Caballería a manos del jefe indio Caballo Loco. Mario también esperaba con más entusiasmo la proyección de Maciste contra el Sheik, y eso significaba que ya éramos amigos. Mario Botti fue mi amigo del cine durante todo ese año hasta que se mudó de barrio y nunca más nos volvimos a ver. Y si entre todos los amigos que tuve en mi vida tuviera que elegir uno para ir a ver EXCURSIONES, sin dudar lo elijo a Mario, porque a esta altura del partido nos hubiéramos emocionado del mismo modo. Bah, creo.
EXCURSIONES tiene un título que me trajo a la memoria el Parque Pereyra Iraola en Berazategui o SOMISA en San Nicolás, algunos de los sitios más lejanos a casa que haya visitado con mis compañeros de la primaria o de la secundaria. Y los mayores recuerdos no tienen que ver con anécdotas puntuales sino con esos tiempos compartidos que quedaron encerrados en una foto y que Ezequiel Acuña transformó en una película. Porque de eso se trata EXCURSIONES, de Martín y Marcos patinando en el hielo, de Martín y Marcos tomando la merienda o de Martín y Marcos pasándose factura de algunos dolores, siempre con la excusa de montar una obra de teatro de la que no sabemos nada o con el pretexto de volver frente al mar, allí donde iban de chicos y tan bien la pasaban con Lucas, ese otro amigo que se fue. La película está conformada por momentos mínimos de Martín y Marcos, esos momentos mínimos que en un guión debieran hacer explotar el conflicto pero que en este caso son el conflicto mismo. Trabajada en planos cortos, con apuntes musicales que refuerzan la intimidad que transmiten las imágenes y que le dan al montaje un ritmo sin vértigo, EXCURSIONES vale por la aparente desprolijidad de sus nostálgicos cuadros en blanco y negro y por el contorno agridulce en el trazo de sus personajes. Ni Martín ni Marcos serían lo que son sin ese tiránico hermano indie rocker y sin esa hermana artista que plagia a Chécob, a los que se suman un peligroso performer encantador de serpientes y un atrabiliario teatrista destructor de ilusiones. Es en ese juego de imposible maniqueísmo que Martín y Marcos (sobre todo Marcos) se nos hacen creíbles, cercanos y se permiten reflejarnos hasta transformarse, alternativamente, en nuestros alter ego.
Si Martín tiene la impronta de un avión estrellado es Marcos quien tratará de unir sus piezas para darle coherencia a la trama de una amistad a la que de tanto dormir casi se le rompen los sueños. Para esta conclusión son elocuentes dos imágenes: Marcos manejando, solo, el control remoto del prototipo que planea sin ir a ningún lado y sin que nadie lo admire, y Marcos cayendo en la cuenta, junto a una pileta a la que no está invitado, de que aún en la amargura siempre hay tiempo para volver a trabajar en la fábrica de golosinas. En este sentido, además del buen trabajo de dirección y del sólido guión que firman Acuña y Alberto Rojas Apel (Martín), la película descansa en el rostro de Matías Castelli, cuya triste mirada podría convertirse en el ícono de una generación: la de los actuales treintañeros que viven en un aparente vacío y que de alguna forma se emparienta con los años en los que se formaron, esos ’90 que de a poco van quedando lejos pero cuyas cicatrices son cada vez más evidentes. La mirada de Marcos retrata su época sin discursos y transforma a EXCURSIONES en un clásico instantáneo, uno que más allá de las lecturas posibles, aunque cambien las modas, las inflexiones de voz o los acontecimientos, dice que los amigos siempre son esenciales. Si no que lo digan esas últimas imágenes en Eastmancolor que el tiempo amenaza con desteñir pero que de todas formas mantendrán una sonrisa inalterable, la misma sonrisa que teníamos Mario y yo después de comer pizza recordando a Maciste la tarde esa en la que nos hicimos hombrecitos y dejamos de tenerle miedo a la soledad en una sala de cine que ya no existe.

EXCURSIONES, de Ezequiel Acuña. Producida por Ezequiel Acuña, Agustina Llambí Campbell, Martina Gusmán y Pablo Trapero. Guión de Ezequiel Acuña, Alberto Rojas Apel y Matías Castelli. Fotografía: Fernando Lockett. Montaje: Mario Pavez y Ezequiel Acuña. Arte: Nicolás Abuaf y Carola Gliksberg. Sonido: Rufino Basavilbaso y Hernán Severino. Música: Nicolás y Santiago Pedrero. Intérpretes: Alberto Rojas Apel, Matías Castelli, Martina Juncadella, Ignacio Rogers, Santiago Pedrero, Mariano Llinás. Malba Cine, Avda. Figueroa Alcorta 3415. Viernes y Sábados a las 22.
27 de diciembre de 2009
Balance 2009 (con la panza llena)

Generalmente los balances son meras estadísticas por lo que no voy a defraudar a nadie y a continuación voy a enumerar todos los espectáculos que vi, por orden alfabético: A PROPÓSITO DEL TIEMPO, AGOSTO. CONDADO OSAGE, ALA DE CRIADOS, AMAPOLA (CÓMO PUEDES TÚ VIVIR TAN SOLA), AMORES RETRO, ARE YOU REALLY LOST?, ASÍ DA GUSTO, BAMBOLENAT, BERESTOWOIK, BÉSAME MUCHO, BETTY EN EL CIELO (EL INFORME FINAL), BLUT! UNA PAREJA DE SANGRE, BODY ART, BUSCADO, CARIÑO YACARÉ, CASA DE CITAS, CASANIMAL, CERNÁ DÍRA / EL AGUJERO NEGRO, CORSARIOS, CHÚMBALE, DE HOMBRE A HOMBRE, DEFENSA DE DAMA, DESPUÉS DEL NAUFRAGIO, DIÁLOGO DE UNA PROSTITUTA CON SU CLIENTE, DON JUAN DE ACÁ, EL AGUA Y EL ACEITE, EL ANIMADOR, EL AÑO QUE VIENE A LA MISMA HORA, EL AURORA, EL AVARO, EL DESARROLLO DE LA CIVILIZACIÓN VENIDERA, EL DÍA QUE NIETZCHE LLORÓ, EL JOVEN FRANKENSTEIN, EL JUEGO DE LAS ESTACIONES, EL MUNDO ROTO, EL ÚLTIMO ENCUENTRO, ESCORIA, EXACTAMENTE BAJO EL SOL, FALSA ESCUADRA, FEDE SASTRE, FRANKIE Y JOHNNY EN EL CLARO DE LUNA, GORDA, GOTAS QUE CAEN SOBRE ROCAS CALIENTES, GRANDE Y PEQUEÑO, HAMLET, HOTEL SPLENDID, IAGO – ESCENA PARA UN CRIMEN, IN PUNTA DI PIEDI / DE PUNTILLAS, JEAN LA CHANCE, LA COMISIÓN CENTRAL PARA LA INFANCIA, LA FORMA DE LAS COSAS, LA GRACIA, LA MACIEL, LA NIÑA QUE MORÍA A CADA RATO, LA TERCERA PARTE DEL MAR, LA TERRIBLE OPRESIÓN DE LOS GESTOS MAGNÁNIMOS, LA TRAGEDIA CÓMICA, LA ÚLTIMA HABITACIÓN (EL DESPERTAR DE CLARA), LA VUELTA AL MUNDO EN UN VIOLÍN, LAME VULVA, LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE PETRA VON KANT, LAS GONZALEZ, LOS ERRORES DE NOÉ, LOTE 77, LOVELY REVOLUTION, LUISA, MARAT SADE, MÁS RESPETO QUE SOY TU MADRE, MÉTODOS PARA NO LLORAR, MISHELLE DI SANT’OLIVA, MUJERES QUE CANTAN, MULHER ASFALTO / MUJER ASFALTO, NIÑOS DEL LIMBO, NOCHE BUENA, NOCHES DE VERANO, NURSE. ELEMENTAL. MANUAL DE PROCEDIMIENTOS, ORUGA, PIAF, PLAYROOM, PLEY – TRES MUJERES EN JUEGO, QUERIDA MARTA, QUIENQUIERA QUE HUBIERA DORMIDO EN ESTA CAMA, REY LEAR, ROSE, SALSIPUEDES, SANGRA – NUEVAS BABILONIAS, SEÑORITA ELSA, SOLAS NO MÁS, SOUVENIR, SPRAWA DANTONA / EL CASO DANTÓN, STRAVINSKY EVENING / VELADA CON STRAVINSKY, TARANTO, THE PILLOWMAN, TODOS LOS SECRETOS, TREN, UN HUECO, UNA FAMILIA DENTRO DE LA NIEVE, UNA VISITA INOPORTUNA, VOTO DE SILENCIO (LA HISTORIA DE UN BESO), YO EN EL FUTURO.
Muchos de estos espectáculos los vi antes de comenzar con el Blog de la Esquina Peligrosa, por lo que no tuvieron reflejo en esta pizarra. Otros no me gustaron y, como comenté alguna vez, cuando un espectáculo no me gusta prefiero no reflejarlo. Creo firmemente en que uno, más que formar la opinión de los demás, debe crear en los otros el interés por ver qué pasa. Todo lo que escribí tuvo ese fin, el de despertarles el interés por hechos artísticos que aportan una mirada nueva sobre la vida de la gente. Si un espectáculo desde mi perspectiva es un espectáculo fallido, no tengo autoridad para pontificar cómo lo hubiera mejorado; si sé hacerlo mejor monto un espectáculo en un escenario y listo. En algo de eso estoy, como ya les conté.

PIAF - REY LEAR - LA GRACIA - VOTO DE SILENCIO (LA HISTORIA DE UN BESO) - TODOS LOS SECRETOS - BERESTOWOIK - UN HUECO - AGOSTO. CONDADO OSAGE - SOUVENIR - ROSE
No creo que haya mucho más para agregar por este 2009. O sí: en el 2010 también tendremos comentarios cinematográficos en este boletín, pero no de estrenos: grandes obras olvidadas, obras maestras recientes y secuencias inolvidables de títulos desconocidos. Eso a partir de enero, o sea, el domingo que viene.
Gracias por leer este blog, por recomendarlo a sus amigos y por acercárselo a los enemigos, y por permitirme expresar con entera libertad mi absoluta subjetividad. ¡Un abrazo grande para todos y muy feliz comienzo de año!
20 de diciembre de 2009
Palabras, palabras, palabras

Shakespeare (1564-1616) escribió entre 1605 y 1606 La auténtica crónica histórica sobre la vida y la muerte del rey Lear y sus tres hijas. La historia del rey Lear y sus hijas Regan, Goneril y Cordelia proviene de la Historia Regum Britanniae del galés Godofredo de Monmouth, escrita entre 1130 y 1136 y aparentemente de nulo valor histórico aunque de gran importancia literaria por referir, además de la historia de Lear, la del rey Arturo y sus nobles caballeros. En el libro de Monmouth, Lear (quien habría vivido antes de la fundación de Roma) decidió, llegada su vejez, repartir su reino entre sus hijas a partir del amor que cada una de ellas le profesaba. En esta historia no hay tanta tragedia como en la obra del bardo inglés, pero no debemos olvidar que desde los festivales dionisíacos griegos hasta la época de la reforma luterana el teatro tuvo como fin enfrentar al público con su propio sino para aportarle una enseñanza moral a la sociedad de turno. El teatro isabelino y jacobino, por lo tanto, sirvió con sus tragedias y sus comedias como nivelador social, puesto que salas como The Theatre, The Globe, The Swann, The Curtain, The Rose o los patios de los albergues permitían que el rito mezclara clases e intereses diversos, apenas separados por un penique o por un cojín. En esos escenarios despojados transcurrieron duelos, corrió la sangre, se expresaron sentimientos y se cuestionaron problemas filosóficos mucho tiempo antes que las letras de molde los divulgaran en cuartos o folios.

Si la versión de REY LEAR que se exhibe en el Teatro Apolo de Buenos Aires es memorable lo es por tres motivos: por su puesta en escena, por la tormenta y por Alfredo Alcón. La puesta en escena firmada por Rubén Szuchmacher remite en algunos aspectos a la forma isabelina: no hay una reconstrucción realista del espacio sino un monocromático andamiaje de caracteres, cuya atemporalidad conmueve por tan cercana en sentimientos como por tan distanciada en lo histórico. Aquí la palabra se funde en la acción quizás como en el cine (gran trabajo del director y de Lautaro Vilo en una adaptación que pule el lenguaje para hacerlo accesible sin vaciarlo ni de contenido ni de poética), pero con la contundencia del hecho vivo cuyo maniqueísmo se vuelve virtuoso a instancias de los actos y de sus humanos protagonistas. Apenas unos bancos y unos paneles con proyecciones lumínicas le permiten a Szuchmacher crear un entorno geográficamente seco y escarpado como la vieja Bretaña, al tiempo que transmite una extrañeza posmoderna al mezclar caos con asepsia sin necesidad de explicaciones didácticas. Aquí también hay sangre, hay duelos, hay emoción sentimental y hay juicios filosóficos, pero nunca vamos a encontrarlos literalmente. Es por esa falta de literalidad en la puesta que la escena de la tormenta podría ser una obra de teatro por sí misma. Lear enloquecido, Kent desterrado, el Loco cuerdo y Edgar como Tom transitan ese campo azotado por el viento y la lluvia y la furia tratando de encontrar la armonía entre el universo, el poder político y el hombre, y lo atraviesan teniéndose a sí mismos como único sostén. Aunque sea un asunto emocionante en sí mismo lo es mucho más cuando todos esos hombres juntos, asustados, solos, nos hacen creer que hay viento, que hay lluvia, que hay relámpagos, que hay truenos y que tienen los corazones rotos. Alfredo Alcón, Horacio Peña, Roberto Castro y Joaquín Furriel lo consiguen. Cada uno en su justa medida es protagonista de un momento donde podría pasar cualquier cosa pero lo único que queda claro es lo difícil que es vivir en este mundo. Y respecto de Alfredo Alcón… Alfredo Alcón no es solamente un monstruo sagrado de la escena nacional: es un hombre capaz de comprender los meandros del alma y de expresarlos cada vez con mayor sencillez. Es eso lo que lo hace venerable, por el legado que nos deja en la memoria y por extendernos los límites de la vida. Como Shakespeare, desde hace más de 400 años.

13 de diciembre de 2009
Balada del adiós

Debido a esta necesidad de terminar de escribir la obra fui mucho menos al teatro. Muchísimo menos. Y las dos piezas de las que me gustaría hablar hoy ya no están en cartelera. Las vi hace unas cuantas semanas junto a otros espectáculos y quedaron reverberando en mi memoria. Las dos hablan de la muerte, una en forma alegórica y la otra desde lo absurdo, pero en ambos casos no hay lobreguez posible porque las dos hablan de la muerte desde la belleza o la poesía.
LA NIÑA QUE MORÍA A CADA RATO es un muy buen ejemplo de análisis figurado de la realidad latinoamericana. Su historia, la de una muchacha que muere y resucita con la misma facilidad con la que duerme y respira, simboliza una serie de temáticas que van de las leyendas populares a la desaparición forzada de personas pero sin apartarse del relato que narra. Ambientada en el campo de alguno de nuestros países y en un tiempo indefinido pero que es el pasado, no importa tanto si reciente o remoto, esta muchacha milagrosa, blanca y descalza, aguarda que el jaguar (el hombre que no perdió su animalidad, pero que necesita del hombre) la devore finalmente para encarnar su destino de mito. Este texto de José Luis Arce (Primer Premio de Dramaturgia 2003, Fondo Nacional de las Artes) encuentra en la puesta de Joaquín Gómez una exacta medida de belleza acorde a la rusticidad del enigma propuesto, una puesta donde domina el claroscuro y donde cada imagen recuerda las estampas de un libro de fábulas. Es un halago: a nuestra generación le gustaba sumergirse en los libros de las generaciones anteriores, y LA NIÑA QUE MORÍA A CADA RATO tiene ese reverbero a papel viejo que renace en cada nueva lectura.
LA NIÑA QUE MORÍA A CADA RATO, de José Luis Arce. Dirigida por Joaquín Gómez. Asistencia y Producción General: Miguel A. Borrás. Diseño y Realización de Escenografía: Gisela Ranieri. Diseño y Realización de Vestuario: Paola Grimonti. Música Original: Demi Carabajal, Martina Ulrich, Martín Ulrich. Intérpretes: Yanina Soirejman, Silvia Lucero, Alberto Silva, Eduardo Manelli, Bárbara Coss, Juan Tupac Soler, Patricia Russo, Fabiana Páez. Teatro IFT.

LA ÚLTIMA HABITACIÓN (EL DESPERTAR DE CLARA), creación colectiva de la Compañía Comediantes sin Pulgares. Dirigida por Walter Velázquez. Producción General: Andrea Feiguin. Diseño de Luces: Ricardo Sica. Escenografía: Ariel Vaccaro. Vestuario: Soledad Galarce. Intérpretes: Luisina Di Chenna, Gabriel Páez, Maximiliano Trento, Sol Lebenfisz. III Festival Internacional de Teatro Independiente PIROLOGÍAS 2009 (Villa Bosch, Provincia de Buenos Aires).






